lunes, mayo 18, 2015

Más sobre peluquerías

Ah, qué grandes satisfacciones nos han dado siempre las peluquerías en este blog, como se puede ver aquí y también aquí, por poner dos ejemplos. A mí es que me gustan mucho las peluquerías. De hecho hay un capítulo casi entero en mi estupenda novela Toda la verdad sobre las mentiras que trata de eso, de una peluquería de caballeros en los años 80.

En aquel entonces las peluquerías eran distintas a lo que uno puede ver ahora.  No te digo que mejores; distintas. Ponte por ejemplo qué bonito esto que encontramos el otro día:


Los puntos suspensivos también nos han dado muchas alegrías desde siempre, sí. Peluquería de... señoras. Una pena que el Señoras no vaya entrecomillado o tendríamos un cartel perfecto.

Y ese Ambiente musical... También con sus puntos suspensivos. Sugestivo. Misterioso. Con Mónica Bellucci en plan "Estoy macicísima y lo sabemos todos". Que no sé si el peinado de Mónica Bellucci es muy meritorio en esa foto, pero le alabo el gusto a quien la haya elegido.

Pero cuidado que la misma peluquería nos deleita con otro cartel:



Un buen corte de pelo realza su imagen, sí. Con dos ilustraciones de Alfons Mucha o un émulo de Mucha (aquí somos muy fans, no tenemos objeción) y dos fotos de unas velas.

¿Por qué las velas? ¿Las velas realzan la imagen de algo? ¿Es un símbolo de algo que desconocemos? ¿Hay algún estilo de peinado que se llame Vela encendida? ¿Alguien sabe algo de esto?

jueves, abril 23, 2015

La importancia del naming

Sin ser yo muy de ir a bingos, qué ganas de entrar, ¿no?

lunes, marzo 23, 2015

Carteristas

Hay que ver la inquietud que puede introducir la palabra profesionales en un texto:

Carteristas profesionales, ¿eh? ¡Que no son unos cualquiera!

Yo me imagino a unos carteristas amateurs que también operan por la zona y que ven el cartel y les da un poco de congoja y les baja la autoestima.

viernes, marzo 20, 2015

Barra


A mí esto me parece una genialidad absoluta:

 
 
Más allá del concepto de tener un barra temporalmente fuera de servicio, ¿os habéis fijado en que el cartel tiene cierto diseño, con bloques de color, texto en diagonal, etcétera?



miércoles, marzo 18, 2015

¡No conservemos nada! ¡Para qué!


La gente está muy irritable. Fijaos en este cartel en el que alguien ha escrito un mensaje indignado:


Uno pensaría que el de la pintada se refiere al plan para celebrar un campeonato de padel en el teatro de Mérida, pero no es el caso. Vamos a hacer zoom out, es decir, me voy a echar para atrás dos pasos par hacer la foto.


Así es, esto viene de que van a derribar una vivienda unifamiliar y a alguien le parece mal. ¡Habría que conservarla! ¡Si es que no se respeta nada! ¡Que vienen los hunos!

Pero echemos dos pasos más para atrás. Tres pasos. Diez pasos.


Esta es la casa, sí. ¿Cómo es posible no querer conservarla? ¿Cómo es posible ser tan desalmado para querer derribar una obra maestra del sosainsmo arquitectónico español? Hagamos un Change.org. Por Dios.

jueves, marzo 05, 2015

¿Te acuerdas?

Un día, mientras escribía Toda la verdad sobre las mentiras, una novela que bucea en mis recuerdos de los años 80 (y los reinventa), vi este cartel en una residencia de ancianos:




Más allá del valor terapéutico de ejercitar la memoria para conservar el cerebro en buena forma, me llamó la atención cómo los ancianos estaban haciendo algo muy semejante a lo que yo estaba haciendo, aunque con un propósito distinto, claro. Donde yo trataba de recordar lo que sucedía en los 80 para usarlo como material narrativo, ellos intentaban recordar su infancia. 

Y entonces se me ocurrió que a lo mejor ellos también se inventaban los recuerdos, y fantaseaban con ellos, o los modificaban para que les proporcionaran consuelo. 

Que acabó siendo, claro, uno de los temas de mi novela: cómo recordamos sólo las cosas que nos interesan, y de la forma en que nos interesa.


 

viernes, febrero 27, 2015

¡SEXO!

Y ahora que he llamado tu atención...

¡Qué tiempos aquellos en los que veíamos por la calle esos carteles con ese viejo truco! Ahora lo que llama la atención de la gente son otros estímulos, como ha detectado hábilmente esta empresa de albañilería:

(Foto cortesía de mi hermano)

Astutísimo. Bien jugado, amigos, bien jugado. Impecable.


miércoles, febrero 25, 2015

Romanticismo

Eran los ochenta y eras un adolescente y estabas enamorado y tenías una navaja e ibas al campo y allí hacías un corazón en el viejo olmo hendido con tu inicial y la de la moza que pretendías.

Y ahora las cosas son distintas aunque la esencia sea la misma.



Amor en las estanterías de juguetes.  No me digas que no es bonito.


domingo, febrero 22, 2015

Manual de fútbol, Infrafútbol y En lo mudable

Hay que ver cómo son las rachas de lecturas. Igual te tragas una docena de libros malos (o los dejas a medias) como de pronto te tropiezas con una sucesión de libros que disfrutas como un enano.

En los últimos meses he tenido bastante suerte con los libros que he leído, así que como preveo que en los próximos tendré mala voy a recuperar la vieja tradición del Cerdo agridulce de reseñar, aunque sea brevemente, los que me han gustado, para que mientras leo los malos libros me consuele el recuerdo de los nuevos.

Por ejemplo, leí prácticamente seguidos tres breves libros de fútbol que esconden muchas cosas hermosas en sus páginas.

Yo reconozco que tengo cierta debilidad con Antonio Agredano. Llevo años leyéndole en el blog colectivo Diarios de fútbol y creo que si escribiera una lista de la compra de los últimos diez años yo lo leería vorazmente. Me fascina el tono que logra imprimir en cada párrafo, o la precisión para encontrar el detalle relevante que explica tanto sobre nosotros, o esa extraña y engañosa facilidad para la escritura a base de frases que son como relámpagos.

En lo mudable, de Antonio Agredano, habla de cómo ve el fútbol un aficionado del Córdoba. En realidad no habla de eso, claro, sino de la vida en general, y del amor en general, y en cómo vemos a las mujeres que amamos, y cómo nos afectan los fracasos y los pequeños triunfos.
Hábilmente estructurado en torno a las sucesivas relaciones amorosas del autor, se van desgranando melancólicamente los recuerdos de fútbol mezclados con los recuerdos amorosos. Una preciosidad de libro, emocionante durante muchas páginas, en el que lo de menos es el fútbol, porque el fútbol es sólo la excusa para hablar de quién somos. Espectacular libro, muy recomendable os guste o no el deporte en cuestión, y seais o no del Córdoba.


Enrique Ballester también escribe en Diarios de fútbol (un día hablaremos de todo lo que le debemos a Diarios de fútbol), y en la misma colección y editorial de En lo mudable ha publicado Infrafútbol, sobre el Castellón. El Castellón es un equipo de fútbol pequeño y y de carácter difícil, cuyos mitos me son completamente ajenos: un ascenso a primera división y un equipo formado en torno a un entrenador legendario, el muy amarrategui Luiche.

Así a bote pronto (notemos la sutileza de usar en este contexto esta expresión) me puedo imaginar pocos equipos con los que me pueda sentir menos identificado, yo que soy del Madrid de toda la vida. Pues os digo una cosa: después de leer este libro es probable que, como hago yo ahora, cada domingo miréis a ver cómo ha quedado vuestro Castellón.

Ballester logra que te preocupes por las hazañas y fechorías de un equipo que ahora mismo está en Tercera División (cuando escribo esto vamos perdiendo 2 a 0 con el Acero) a base de humor y frases como latigazos. Siendo un libro por completo diferente en estilo, tono e intenciones, a En lo mudable, comparten una capacidad extraordinaria para la frase redonda (tengo los dos libros muy subrayados). Con Infrafútbol descubres que también hay belleza en no ganar Copas de Europa ni Ligas ni nada parecido, que hay belleza hasta en perder o luchar por la supervivencia. Bueno, igual no es belleza la palabra. Que hay vida. Eso es, sí: vida.


Juan Tallón. Cómo es el regate en corto de este hombre, acojonante. Es un poco como estar viendo a Butragueño en su mejor momento, ahí parado en el área, con el defensa sin atreverse a entrarle, y de pronto, ¡chac!, un movimiento de cintura, una arrancada brutal y acabas de leer una frase descomunal que te deja boquiabierto (sí, también es este un libro de frases redondas, como los dos anteriores).

Manual de fútbol es un repaso a distintos aspectos del fútbol -es mucho más genérico que los otros dos libros de los que hablo, en el sentido de que no existe narrativa en torno a un equipo-, hilado a través de anécdotas o reflexiones en torno a temas concretos: la portería, el banquillo, la falta. Y esos temas le sirven a Tallón para hablar de otras cosas, como es natural, con ese tono suyo de escribir mientras enciende un cigarrillo o vigila que le ponen suficiente whisky en la copa que logra que cada párrafo parezca esconder los secretos del Universo dentro de él.

Humor irónico, escritura elegante y como de vuelta de todo, deliciosa, que hace de la digresión un nuevo y fascinante género literario.
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