lunes, septiembre 01, 2014

Un clásico recursivo: el martillo rompecristales

A lo mejor lo han visto ustedes en miles de sitios, pero este es mi blog y me lo follo cuando quiero. 


Así comienzan los agujeros negros que llevan a los Apocalipsis: quieres acceder a un martillo rompecristales y para ello tienes que romper el cristal, y para romper el cristal tienes que tener un martillo rompecristales y para obtener el martillo rompecristales tienes que romper un cristal y para romper el cristal tienes que tener un martillo rompecristales.


lunes, agosto 25, 2014

Y lo puede demostrar

Me ha gustado este cartel en el que una mujer (una "chica") se ofrece a trabajar.


"Y lo puede demostrar". Hay un poco de bilis ahí. Un "No como otras". Pero también se le ven ganas. Así que mucha suerte, Jaqueline.

domingo, julio 27, 2014

Bares, qué lugares

Me manda mi hermano este cartel de un bar que me encanta.


Qué fino el juego de palabras, ¿eh? 

Pero lo que hace a este nombre una obra maestra es el que Atto tenga dos tes. ¡Toma! Para darle un aire más sofisticado, más de bar de los alrededores de Singapur.

Y me sulibeya el "Es" de encima, por si no queda claro. Guiño, guiño, codazo, codazo.



Bar aprobado por Bar.

miércoles, junio 25, 2014

You only had one job

Me ha hecho gracia ver los rótulos de esta cafetería:


Mozar. Mozart. Y los dos puestos. Coño, que ya lo hemos pagao. Pues se pone.

Me gusta imaginar que en realidad el rótulo bueno sea el de delante. Mónica, Zacarías y Rodrigo. Y encargan un nuevo rótulo, el de atrás, y el rotulista se confunde, se crece y le pone una T y los violines. Y Mónica, Zacarías y Rodrigo miran el rótulo y suspiran y dicen: buah, qué más da.


lunes, junio 09, 2014

A veces ves cosas que te parten el corazón

Esta es una entrada seria porque el tema lo exige. Os voy a contar una pequeña historia.

A menudo vuelvo andando a casa desde el trabajo, y paso por el puente que cruza la M-30 a la altura de Ramón y Cajal. Un día vi que habían puesto algunas flores en la barandilla. A mí siempre me ha dado mucha pena esa forma de recordar el lugar en el que sucedió un accidente.

Algunos días después, tal vez incluso algunas semanas, a ese ramo de flores (o a otro fresco), se le habían añadido unas pequeñas pintadas, escritas con rotulador, en la barandilla.


Primero, un nombre, Daniel Borrajo.




Una fecha: 24/4/94 y un mensaje sentido: No te olvidaremos.



Y un par de mensajes más: Por todas esas tardes de verano, gracias Borrajo.




Te querremos siempre. Andrea y Cris G. Y el nombre del chico de nuevo: Daniel Borrajo.

A mí me pone ya triste esta historia en la que unas chicas tratan de recordar a un amigo muerto (20 años, si entendemos que se escribió el día de su cumpleaños, que aparece en la barandilla) escribiendo mensajes en el lugar en el que, suponemos, murió. Hay nostalgia y ternura y amor en esos mensajes que Daniel Borrajo no podrá leer.

Pero la historia no acaba aquí y tal vez no hablaría de ella si no hubiera encontrado, en la barandilla que está en el lado opuesto, esto otro:




La foto del chaval acompañando un texto en el que se pide ayuda para resolver su muerte. Y de repente esos graffitis me dejaron de parecer una curiosidad tierna y me parecieron un grito de auxilio y de dolor. Leo el texto que acompaña el cartel (os ruego que también lo hagáis vosotros) y veo impotencia, desesperación y tanta angustia por no saber qué sucedió que se me encoge el estómago.

Hay muchos detalles en ese breve texto que me hacen sentir escalofríos: que no sepan si le empujaron (la valla tiene una altura que no hace fáciles los accidentes, aunque tampoco imposibles), que lo arrollara un taxista y luego huyera (¿Cómo saben que fue un taxista?) y sobre todo que quiten los carteles que pone la familia.

Un poco más allá, en una marquesina de autobús, había pegada una pequeña octavilla:




Menos explicativa pero que nos da otro detalle que no conocíamos: tal vez le vieron con dos personas.

No sé qué deciros. Me conmovió el caso, me afectó, y he hecho una breve investigación en Google. Lo que he encontrado parte el corazón, la verdad.

Como era de suponer, los que están investigando la muerte de Daniel Borrajo son sus padres. Angustiados porque el juez iba a cerrar la investigación, abrieron una petición en Change para solicitar que continuase.

Grabaron un vídeo que, advierto, resulta durísimo de ver:


Resulta duro porque se ve la desesperación de unos padres que no saben qué ha sucedido, que necesitan desesperadamente saber, y que sospechan que van a pasar el resto de su vida sumidos en la incertidumbre y el dolor.

En esta otra entrada del mismo blog la madre da más detalles. Extraigo un par de cosas:

Llevaba una camiseta de manga corta gris, encima una camiseta negra de manga larga, encima una camisa de cuadros rojos y azules y un chaquetón tres cuartos negro tipo marinero, un pantalón vaquero gris oscuro y unas zapatillas azul marino y blanco new balance que a él no le hacían mucha gracia y le quedaban grandes pero como se las regalaron se las puso
A mí, os lo digo en serio, me parte el corazón la frase de las new balance porque de pronto le estoy viendo a él, a una persona y no simples datos. Un chaval con sus gustos y sus manías y sus particularidades.

Mide 1,72 aproximadamente y aún estaba creciendo porque el médico le dijo que estaba dando estirones, fuerte porque hacía ejercicio, siempre estuvo federado jugando al futbol, es donante de sangre y ayuda a mucha gente, se acababa de cortar el pelo cortito y con un poco de tupé porque es muy presumido, le encanta llevar traje y corbata pero cuando va a la oficina de mi marido para aprender va de sport, como íba ese día, el pelo es rubio oscuro casi ceniza, de pequeñito tenía el pelo rubio casi blanco y yo se lo dejaba largo.
Y algo parecido me ocurre al leer lo que la madre hacía con el pelo de su hijo cuando era pequeño, porque ahora es a ella a la que veo, llorando o dando vueltas en la cama sin poder dormir, desvelada, pensando en cuando su hijo tenía catro o cinco años, aferrándose a cada recuerdo y a cada esperanza. Me la imagino despertando y pensando que todo ha sido un mal sueño y el momento en el que vuelve a sentir el dolor al darse cuenta de que no, que todo ha ocurrido de verdad y que ha pasado un nuevo día sin que ocurriera el milagro.

a la vuelta de cuando volvimos a poner carteles el día 5 de marzo vimos cómo los que habíamos puesto no estaban, ahora vamos a poner otra vez en semana santa porque sospechamos quienes pueden ser y se van de vacaciones.
Y esto me pone tristísimo porque aquí entran ya las inquinas, las sospechas, y el rencor que ya está enquistándose contra alguien concreto, no sé si con razón o sin ella. La sensación de que esos dos padres van a sufrir durante años por lo que no saben y por lo que creen que les ocultan. Qué horror. Qué mal cuerpo.

Yo no sé si hay algo raro en que el juez cierre las investigaciones; ni siquiera sé si hay verdaderamente algo que investigar. Y me preocupa que con este artículo esté yo haciendo lo que tantas veces he criticado a los programas del estilo de Ana Rosa, alimentar el dolor en vez de ayudar a los padres a pasar página, darles razones para que se obsesionen con un misterio o un complot que tal vez sólo esté en su cabeza.

Pero me ha parecido que haría peor en no escribir algo aquí, por si se da la cusualidad de que alguien que lea el Cerdo agridulce sepa algo de aquella noche, o del taxista que huyó tras golpear a un chaval con su coche. Alguien que pueda ofrecer algo de consuelo a unos padres rotos.

Pienso en qué haría yo si algo les pasase a una de mis hijas; pienso qué harían mis padres si me pasase algo a mí. Cómo buscaríamos respuestas desesperadamente.


Cada día que paso por ese puente veo las pintadas, las flores, el cartel, y me acuerdo de Daniel Borrajo sin haber llegado a conocerlo, y pienso en sus padres que esperan una respuesta. Los carteles, esta vez sí, siguen en su sitio, pidiendo ayuda. Sigue habiendo flores frescas.

Mucha suerte a los padres de Daniel Borrajo. Y a él, que descanse en paz.

jueves, junio 05, 2014

Carteles que molan

Puede que ya sepan ustedes que yo tengo en Instagram unas cuantas fotos de carteles de comercios agrupadas con el hashtag #cartelesquemolan. La etiqueta, que parece que más gente usa (de lo cual me alegro), recoge carteles de comercios que me llaman la atención, carteles viejos o bien diseñados de los que se van perdiendo con el paso de los años.

Sin embargo hay otro tipo de carteles que también son #cartelesquemolan aunque no sean precisamente bellos, carteles que demuestran tanto morro que nos hacen reír. Carteles muy del Celtiberia Show de Carandell, que ya saben que a nosotros nos sulibella.

Fijense por ejemplo, basta de introducciones, en esta foto que me pasa muy amablemente @jjfari:


A mí estas cosas que parecen obra de un tuitero me dejan loco. Porque qué tendrá que ver la tintorería con la fiesta nacional, más allá del juego de palabras. Me parece precioso el detalle de aplicar el diseño de los hierros de ganadería al cartel. Qué maravilla.

O fíjense en esta otra que me manda igual de amablemente Juan Antonio Rodríguez Armas.


"Sólo la puntita" es algo que los hombres y las peluqueras nunca entenderán. El Club de la Comedia en un escaparate. Yo voto SÍ.

viernes, mayo 30, 2014

Vota en las Elecciones (en las próximas)

Ya todo el mundo ha hablado de la campaña electoral pitufa de Arias Cañete o de la de los abrazos de Valenciano, así que me la voy a ahorrar y voy a contaros tres cosas minúsculas que me llamaron la atención porque soy un enfermo que se fija en detalles como esos.

A Pablo Iglesias le llaman Pablemos, que me parece un apodo genial. Yo es que soy muy de apodos a los políticos. Mola más Pasionaria que Dolores, o Isidoro que Felipe González, Felipe que Felipe González. Me encantó que en los guiñoles del Plus Aznar bautizara a Zapatero como Zapatitos y desde entonces yo le decía eso mismo, Zapatitos (también le llamaron en su momento, dentro del PSOE, Bambi). A Rajoy yo creo que le beneficiaría que le pusieran un apodo en condiciones o algo (algo que no sea el Maricomplejines que le decía Jiménez Losantos). Ya lo he contado muchas veces, pero una vez estuvo en una manifestación (la de No a la guerra) y la consigna que más me gustó era una que gritaban y decía:

¡Mariano!
¡Rajoy!
¡Tu nombre es asqueroso!

El caso. Que lo de Pablemos está muy bien puesto, ya saben ustedes que este chico proyecta la imagen de ser el centro del Universo (no hace falta que les recuerde que está equivocado: el centro del universo es sin duda un lugar maravilloso excavado en la roca llamado Fraggle Rock). En sus carteles salía con más gente, pero...



Él en color y los demás en sepia. Me parece una preciosa metáfora de lo que parece el partido (habrá que ver ahora que están en la cresta de la ola cómo se comportan) y me imagino las reuniones viendo los bocetos. ¿Y quién diría lo de "Vamos a poner a Pablo en color"? El pelota del grupo. Yo creo que Jiménez Villarejo. Un pálpito que tengo.

Miren esto otro:



Creo que es la primera vez en mi vida que veo una pegatina electoral pegada en un árbol. ¿No es gracioso que sean precisamente los de Equo los que la pusieron? ¿Querrán decir algo? ¿Será biodegradable la pegatina?

Pero lo que más me ha llamado la atención es una campaña que animaba a votar y ha pasado, que yo sepa, completamente desapercibida. Y no puedo entender por qué.

Fíjense en la marquesina y discúlpenme la calidad de la foto:



No está mal. Tú decides quién dirige Europa. Ricardo, Pensionista. Muy bien. Pero yo no venía a hablar de Ricardo, sino de...

(expectación)



Jens y Sedsei. Diseñadores.

¿Pero qué espantajos salidos de Solomon Kane son estos? Con sus tatuajes, sus sombreros, su pelo sin lavar, su profesión de guays… Que por cierto, a ver si dejamos de poner profesiones guays en los anuncios. Basta de diseñadores, arquitectos, publicitarios y tatuadores de perros. La gente se merece ver gente normal con profesiones normales. Se merece ver menos fantoches.

Pero en realidad tampoco quería hablados de Jens y Sedsei (¿Sedsei no es el nombre del Caballero del Zodíaco Andrómeda?), sino de este otro anuncio. Es que estaba colocando el toro.



Wegene y Rudi. Pareja.

Pero qué cojones…

Aparte del sucio truco de sacar una negra y un minusválido en el mismo anuncio para así matar dos pájaros de un tiro (¡dos minorías representadas en un solo anuncio! ¡Bingo!), ¿a qué viene eso de pareja? ¿Es que es de eso de lo que trabajan? ¿Es para que no pensemos por qué está ella encima de él? ¿No es un poco raro poner al de la silla de ruedas en un bosque?

A mí la verdad es que toda esta gente me da pocas ganas de votar. Porque entre la amplia representación de seres humanos que había en las marquesinas no había ni una, repito, NI UNA, supermodelo en bikini. ¿Por qué no habéis puesto supermodelos en bikini?

¿Sabes lo que falta en publicidad electoral? Imaginación. A ver qué os costaba haber hecho por ejemplo estos carteles para animar al voto que he hecho yo en un rato.

Uno:


Dos:



Tres:



Cuatro:



Y cinco:



Igual el texto hay que retocarlo un poco, pero de imagen está niquelado.

martes, mayo 27, 2014

Menos policía y más educación


Lo curioso es que la pintada está escrita en la pared de un colegio, y no en la de una comisaría.

Y también que escriben "Más" como +, pero esto ya son manías mías.

miércoles, mayo 21, 2014

Una historia puede empezar con alguien que dice adiós

Últimamente se me muda mucha gente a partes del mundo variopintas. Es tanta que la razón no sé si es la crisis (Vente a Alemania, Pepe) o que quieren huir de mí (No os vayais, puedo cambiar. A lo mejor el país no, pero yo sí).

Se me ha ido gente a Nueva Zelanda, a Chile, a Argentina, a México, a Londres, a Barcelona y hasta a La Coruña. Nuevas perspectivas, nuevos objetivos, nuevas ilusiones. Nuevo capítulo.

Punto y aparte.

Estaba pensando en esos primeros días de comienzo en el nuevo lugar en el que vas a vivir y pensaba que en realidad el comienzo no está ahí. Lo que pone en marcha las cosas es la mudanza. Elegir lo que quieres trasladar, tirar el resto, que se te rompa una cosa que sí querías llevar, llevarlo, que aparezca en una caja otra que creías que habías tirado.

Rebeca y yo nos mudamos una vez de una casa a otra que estaba a unos doscientos metros y válgame qué sufrimiento. Imagínate si te tienes que llevar tu vida a Argentina, o a Chile, o a Brasil. Encapsular tu vida en unos cuantos bultos. O parte de tu vida. Decides que el coche lo dejas aquí, pero los libros te los llevas. Los abrigos no, que allí hace mucho calor, pero el cuadro que te hizo con mucho amor tu cuñada te lo llevas. Y decides todo lo que quieres llevar, entras en una web de transporte marítimo para que se encarguen de llevarte las cosas a tu destino y hala, que comience la aventura. Tu vida en un contenedor de tres metros por cuatro.

Qué de cosas comienzan por una mudanza. Qué interesante, narrativamente, es una mudanza, y qué poca atención se le dedica generalmente en las historias. El Resplandor, por ejemplo, comienza con una mudanza (que acaba mal, siento destripároslo), pero luego no se trata más el tema.

La historia de El hombre que mató a Liberty Valance también empieza con una mudanza, cuando James Stewart viaja al pueblo del Oeste en el que Liberty Valance impone el terror. Luego hay tiros y amor y enormes diálogos, pero no se vuelve a hablar de la mudanza, cuando en realidad es lo que desencadena todo el conflicto.

Toy Story termina con una mudanza (el clímax es la estupenda persecución en el coche a pilas del camión)

En Cuando ruge la marabunta, Eleanor Parker se muda a la selva para casarse con un hombre que no conoce (Charlton Heston).  Así que viaja en río con todos sus objetos y allí conoce al bueno de Charlton, cuyo agrio carácter se demuestra en la famosa escena del piano (un piano que también fue "traído por el río con enormes dificultades para alimentar a su vanidad").


Hay que ver cómo les gustaba a los guionistas ponerle escenas soterradamente sexuales a Charlton Heston. Recordemos a Ben Hur y Messala, que no tiene mudanza por ninguna parte excepto quizá de ideología, pero, bueno, qué tensión:


Pensando en Charlton Heston se me ocurre que la historia de Los diez mandamientos no deja de ser la historia de una gigantesca mudanza, por cierto.

Hasta yo tengo una novela a medias que comienza con una mudanza. También comienza con un señor que viaja en un tren, a pesar de que, ya saben, no hay que comenzar nunca una novela en un tren o una estación de tren. Igual tengo que reformarla y que la novela sea sólo esa mudanza.

En fin, todo esto para deciros que os echo de menos, los que os habéis ido. Para vosotros es genial y seguro que está en marcha una historia maravillosa, pero eso. Que os echo de menos. Llamad de vez en cuando.


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